jueves, 13 de agosto de 2026

“Antes de que sea tarde”: Colombia cuenta con una herramienta para fortalecer la prevención del feminicidio


En momentos en que el país debate cómo enfrentar la violencia contra las mujeres y que se conocen nuevos casos de feminicidios, Colombia dispone desde hoy de una herramienta concreta para fortalecer la prevención del feminicidio. Se trata de "Antes de que sea tarde". Esta es una guía gratuita elaborada por el escritor y periodista Yeiver Rivera, concebida como un instrumento de formación para identificar señales de riesgo antes de que la violencia escale hasta convertirse en un feminicidio. 

Más que una publicación, la cartilla constituye una propuesta para fortalecer las políticas de prevención desde la educación, la institucionalidad y el trabajo comunitario. Su contenido puede incorporarse en procesos de formación de instituciones educativas, entidades públicas, gobiernos territoriales, organizaciones sociales, empresas y programas de atención a las violencias basadas en género, promoviendo la detección temprana del riesgo y la protección oportuna de las mujeres. 

La guía fue construida a partir de años de investigación periodística y de los hallazgos consignados en el libro Ni una más ni una menos, la ruta al feminicidio, complementados con el análisis de casos, el diálogo con víctimas y el trabajo realizado junto a profesionales que atienden este fenómeno. Explica cómo el feminicidio suele estar precedido por patrones de control, manipulación emocional, aislamiento, amenazas y violencia progresiva, señales que pueden reconocerse y atenderse antes de que sea demasiado tarde. 

Una oportunidad para elevar la política de prevención 
Cada año Colombia registra decenas de feminicidios y miles de casos de violencia intrafamiliar y de pareja que representan factores de alto riesgo. Este panorama demuestra que la respuesta institucional no puede limitarse a la atención posterior al delito; también requiere fortalecer la prevención, la formación ciudadana y la identificación temprana de las señales de alerta. Para Yeiver Rivera, el nuevo gobierno tiene la oportunidad de elevar la ambición estratégica en esta materia incorporando herramientas preventivas que lleguen a colegios, universidades, comunidades y entidades del Estado, algo en lo que han fallado todos los anteriores. 

"El feminicidio deja señales. El reto de todos es aprender a reconocerlas antes de que sea demasiado tarde. Esta guía busca aportar una herramienta práctica para que la prevención ocupe el lugar que merece dentro de las políticas públicas y para que la información también se convierta en una forma de proteger vidas", señala el autor. 

Una alianza nacional para salvar vidas 
Rivera hace un llamado al gobierno nacional, gobernaciones, alcaldías, entidades públicas, universidades, empresas, organizaciones sociales, medios de comunicación y organismos de cooperación internacional para construir una gran alianza que permita difundir gratuitamente esta herramienta en todo el territorio nacional. "Esta guía no tiene costo porque la prevención no puede tener barreras. Está lista para ser utilizada en procesos de formación, campañas institucionales y estrategias territoriales. Si queremos reducir los índices de feminicidio, necesitamos que la prevención llegue antes que la violencia", agrega. 

La publicación concluye recordando que el feminicidio no es un hecho imprevisible: da señales, y reconocerlas a tiempo puede salvar vidas. Por ello, además de ofrecer herramientas de identificación del riesgo, incluye rutas de atención, líneas de emergencia y medidas de protección disponibles en Colombia. 

Acerca del autor 
Yeiver Rivera es escritor, periodista y conferencista colombiano. Durante más de una década ha investigado fenómenos relacionados con la violencia de género, el feminicidio, las adicciones y la protección de niños, niñas y adolescentes. Es autor de obras como Ni una más ni una menos, la ruta al feminicidio, Viví en el Bronx, testimonios del horror, Inocencia robada y la novela Una vana ilusión

martes, 16 de septiembre de 2025

¿Estamos condenados a repetir el Cartucho o el Bronx?

 

San Bernardo en el centro de Bogotá

Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo: George Santayana.

El censo de habitantes de calle en Bogotá, realizado en 2024 por la Secretaría de Integración Social, y publicado a mediados de 2025, reveló una realidad alarmante a la que pocos le han dado importancia; y es que miles de personas subsisten en condiciones infrahumanas, sin acceso real a vivienda, salud u oportunidades: simplemente en la calle. 

La invisibilización institucional alarma. Zonas como San Bernardo concentran, desde hace meses, —o años— una población en situación de calle creciente, con seguimiento cuando han estallado explosivos en el sector, pero sin planes efectivos para abordar sus necesidades.

El Bronx no fue una anomalía sino un síntoma de un modelo fallido que se sigue repitiendo como está documentado en el libro Viví en el Bronx, testimonios del horror . Esta zona era, de manera literal, un “infierno en la tierra”: drogadicción, violencia, —con desaparecidos, descuartizados, disgregados en ácido— y una estructura criminal establecida que operaba con la complicidad tácita de las autoridades.

Tras su intervención en 2016, sus habitantes se dispersaron a otros sectores y junto a ellos el consumo y las “ollas” de microtráfico, los más graves y reconocidos en el barrio María Paz de la localidad de Kennedy en el conocido “Cartuchito”, San Bernardo, y el canal Comuneros, pero sin una estrategia sólida de tratamiento ni rehabilitación como lo advertí en esta columna publicada en el diario El Espectador en 2017.

El resurgimiento se ha evidenciado desde el día cero y cada día las dinámicas que se presencian son similares a las del Bronx: invisibilización, desplazamiento institucional, enfoque asistencial sin garantías de permanencia ni trazabilidad social. 

El Plan de Ordenamiento Territorial, aprobado en 2021, prioriza valorización urbana, tránsito e inversión, pero relega lo social a un mínimo asistencial, que no es suficiente. 

La problemática del Cartucho pasó la Avenida Caracas hacia el occidente y se fortaleció el Bronx; posteriormente este hizo la misma migración al oriente y se estableció en San Bernardo, vecino histórico del Bronx, donde cada día se ven condiciones de degradación con microtráfico, consumo abierto de sustancias psicoactivas, inseguridad y una población de calle precaria y sin alternativas reales. 

Los 10.478 habitantes de calle que hay en Bogotá, según el censo, un 10 % más que en 2017, son personas que permanecen invisibles para la planificación y, por tanto, vulnerables a intervenciones urbanas excluyentes.

El desafío no es solo Bogotá. En Medellín, Cali, Bucaramanga o Barranquilla, emergen fenómenos de habitabilidad en calle que activan mecanismos similares con asentamientos precarios, expendedores y consumidores controlando territorios, y el Estado mostrándose incapaz de ofrecer soluciones estructurales. 

Se debe reconocer que los habitantes de calle son sujetos de derecho, no obstáculos para la estética urbana y aplicar modelos internacionales como el Housing First de Finlandia, que desde 2007 enfocó sus políticas nacionales a la reducción del sinhogarismo a largo plazo mediante programas de vivienda, antes de cualquier tratamiento reduciendo, entre 2008 y 2017, un 76 % las personas que no tienen dónde vivir.  

Por ello se deben replantear los planes parciales e intervenciones urbanas garantizando no solo compensación económica, sino inclusión habitacional y social. 

Si no actuamos ahora corremos el riesgo de repetir el modelo del Bronx, si no es que ya no lo estamos viviendo. No podemos repetir intervenciones sin enfoque social que simplemente expanden las “ollas” y dispersan el sufrimiento. San Bernardo y María Paz podrían convertirse en epicentros de un horror que no supimos prever.

Bogotá todavía puede aprender y evitar repetir errores. Con decisiones integrales, sostenibles, enfocadas en lo humano, podríamos transformarlo en un ejemplo de renovación con justicia social. Pero el reloj corre: cada día perdido es un paso más hacia el siguiente Bronx. 

Por Yeiver Rivera Díaz

Comunicador social-periodista, con maestría en Escritura Creativa. Autor de varios libros periodísticos entre los que están Viví en el Bronx, testimonios del horror; Ni una más ni una menos, la ruta al feminicidio; e Inocencia robada, abuso sexual en la infancia; al igual que de la novela Una vana ilusión .

lunes, 8 de septiembre de 2025

Sancionada ley para huérfanos por feminicidio

Las representantes Carolina Giraldo y Juliana Aray autoras de la ley
En enero de 2025, Laura López Suárez, una joven de apenas 19 años, fue asesinada por su pareja sentimental, Arnoldo López, un hombre de 52 años. Estaba embarazada. Además del bebé que esperaba, dejó huérfanos a dos niños de 2 y 5 años.

Ocurrió en Cartagena del Chairá, Caquetá. Y aunque suene doloroso decirlo, este caso no es una excepción. Es el reflejo de lo que muchos niños y niñas viven a diario en Colombia: pierden a sus madres víctimas de feminicidio y, con ellas, también la posibilidad de una infancia protegida.

Por eso, la aprobación de la Ley 2530 de 2025 representa un paso enorme hacia la justicia social. Colombia empieza, al fin, a saldar una deuda histórica con miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que quedaron huérfanos luego de que sus madres fueran asesinadas por razones de género.

Durante años, estos menores han vivido cargando un dolor inmenso. A ese dolor se sumaba la indiferencia del Estado, que no supo —o no quiso— protegerlos como debía. Desde 2018 he alzado la voz, insistiéndole al Estado que era urgente atender esta realidad. No hubo un solo día en que dejara de insistir que estos niños no podían seguir siendo invisibles.

Por eso esta ley también es una victoria ciudadana. Es resultado del trabajo de organizaciones sociales, académicos, familias en búsqueda de justicia, y medios de comunicación que ayudaron a visibilizar el problema. Que el Congreso haya escuchado este clamor es significativo y esperanzador.

La nueva ley establece un sistema integral de protección para los menores que han quedado huérfanos por feminicidio. Incluye atención en salud física y mental, acceso preferente a educación y empleo, espacios para actividades culturales y deportivas, acompañamiento psicosocial, asesoría jurídica y apoyo económico.

Uno de los elementos más importantes es la creación del Registro Nacional de Huérfanos por Feminicidio, una herramienta clave para dar seguimiento y garantizar la atención permanente.

Esta ley también prohíbe que los niños regresen a entornos donde se reproduzca la violencia ya que no se puede entregar la custodia a los agresores o su círculo cercano. Esta era una urgencia que no podíamos seguir ignorando.

También celebro que la ley promueva un tratamiento más responsable en medios de comunicación y espacios públicos sobre los feminicidios. Las historias de estas mujeres no pueden seguir siendo contadas con morbo, sin contexto, o desde el sensacionalismo. Necesitamos narrativas que respeten el dolor y dignifique a las víctimas.

Pero hay algo claro y es que esto no termina aquí. El verdadero desafío está en lo que viene ahora. La reglamentación y puesta en marcha de la ley será la prueba definitiva. Se deben establecer rutas claras, capacitar funcionarios, coordinar esfuerzos entre entidades y, sobre todo, escuchar a quienes han vivido estas tragedias de cerca.

A estos niños no se les puede ofrecer solo un subsidio. Necesitan acompañamiento emocional, justicia, reparación, memoria… y un futuro digno. No basta con que sobrevivan al pasado, hay que garantizarles vida, sueños, oportunidades.

Hacer cumplir esta ley es tarea de todos. Que no quede en el papel. Que no se vuelva una promesa rota. Hay que hacerle seguimiento y exigir que se traduzca en acciones concretas.

Por Yeiver Rivera Díaz

Comunicador, escritor y gestor de la Ley 2530 de 2025. Autor de varios libros, entre ellos Ni una más ni una menos: la ruta al feminicidio.